EL DICTAMEN – PUBLICAR DOMINGO 26 / 03 / 06

ESCUCHAR = OIR + INTERPRETAR

“Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha”.
Víctor Hugo

Cuentan que “un día un hombre volaba en un globo, cuando de repente, se percató de que estaba perdido; entonces maniobró y descendió lentamente hasta que divisó a alguien en la calle y le gritó:
Desde el Globo: – ¡Disculpe, señor! ¿Podría ayudarme? He quedado de juntarme a las 2:00 p.m. con un amigo, llevo media hora de retraso y no sé dónde me encuentro.
Desde la calle:   – ¡Claro que sí! Se encuentra usted en un globo de aire caliente, flotando a unos 30 metros de altura, entre los 40 y 42 grados de latitud norte y entre los 58 y 60 grados de longitud oeste.
Desde el globo: – Es usted ingeniero, ¿verdad? – pregunta el del globo.
Desde la calle: -Sí señor. Lo soy. ¿Cómo lo ha adivinado?
Desde el globo: -Es simple señor, porque todo lo que me ha dicho es “técnicamente” correcto, pero   “prácticamente” inútil. Sigo perdido y  voy a llegar tarde a mi cita porque no sé qué hacer con su información”.
Por cierto, no se trata de un chiste sobre ingenieros (que los hay y muy divertidos), sino sobre el acto de escuchar, un aspecto del fenómeno comunicacional que en la disciplina del coaching, y muy acertadamente,  es considerado “el lado oculto del lenguaje”, puesto que, mientras existe la posibilidad de dejar testimonio de lo hablado por alguien con sólo registrar las palabras en un grabador, es imposible acceder a la oscura intimidad del cerebro que procesa y da sentido a lo hablado por otro, o sea, a lo escuchado. Y tan importante es este costado oculto del lenguaje, que si queremos tener éxito en nuestras conversaciones, más allá de prestar atención a lo que hayamos hablado, para expresar claramente lo que hemos pensado, deberemos cerciorarnos de lo que nuestro interlocutor haya interpretado.
¡Saber interpretar…esa es la cuestión! Porque cuando un ser humano escucha a otro, lo único que puede hacer es atribuir significados personales a lo que sus oídos han registrado, y aún cuando no haya habido interferencias externas entre lo dicho y lo oído, de tal modo que las mismas palabras que pronunció la boca del emisor pudieran ser recogidas fielmente por el oído del receptor, nada garantiza la correspondencia de significados entre lo hablado y lo escuchado. Ya que lo escuchado no sólo tiene que ver con lo hablado, sino con la clase de observador que es el que escucha…y en este sentido sí, podemos considerar que el chiste con el que empecé la nota es un chiste de ingenieros, que pone de manifiesto la clase de observador al que el señor del globo se dirigió. Y para reforzar la idea, aquí va la segunda parte del chiste:
”Le contesta entonces el otro…
Desde la calle: -Y usted es jefe, ¿verdad?
Desde el globo: -Sí señor. ¿Cómo lo ha sabido?
Desde la calle: -Es muy simple. Usted No sabe ni dónde está, ni para dónde va…
Ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema.
De hecho se halla exactamente en la misma situación en que estaba antes de encontrarnos…
salvo que ahora, por alguna extraña razón la culpa es mía”.
Y esta parte tampoco quiere ser un chiste sobre jefes, no tengo nada en contra de ellos (tal vez porque actualmente trabajo en forma independiente), sino un medio para poner en evidencia la clase de observador que el señor que está parado en la calle  manifiesta ser, en cuyo discurso podemos inferir lo que él piensa acerca de los jefes.
Delicado tema éste de la escucha, porque cuando contestamos a alguien que nos habla, estamos revelando nuestra clase particular de escucha a través de nuestra respuesta, y con ella,  estaremos revelando algo muy íntimo acerca de nosotros mismos, a saber, dos cosas:

nuestro mundo de significados, a través del cual interpretamos, y lo que es a veces más crítico, la emoción desde la cual hemos contestado.
Peligroso también este tema de la escucha, porque como dice el Dr. Rafael Echeverría, “cuando escuchamos a otros nos abrimos a ellos inventando historias sobre ellos mismos, basadas en nuestras observaciones. Pero serán siempre nuestras propias historias”, y lo más grave sería creer que ellas reflejan la realidad, olvidándonos que nosotros no sabemos como las cosas son, sino sólo cómo las observamos y cómo las interpretamos, en cuyo caso podríamos cometer enormes injusticias.
Recordemos entonces que escuchar es diferente de oír… ¡escuchar es oír más interpretar!

Lic, Clara Braghiroli

Coach Profesional