EL DICTAMEN – PUBLICAR DOMINGO 30 / 11 / 08

INTERPRETACION, EMOCION… ¡ACCION!

 

     Chris Argyris, un prestigioso gurú del management dijo: ” Nuestra forma de observar el mundo, constituye el límite de nuestra capacidad de acción efectiva”. Un dicho bastante extraño, para la mayoría de la gente que todavía piensa que lo que nos hace humanos es nuestra capacidad de razonar, sin tomar en cuenta que los seres humanos estamos condicionados permanentemente por nuestras emociones, que son en último término las que modelan nuestras respuestas. Y que son nuestras competencias emocionales las que definirán, en última instancia, nuestro éxito o fracaso en la vida, como lo pusiera en evidencia Daniel Goleman, quién acuñó el término “inteligencia emocional”, para dar cuenta de habilidades que no pasan por lo racional. Un hallazgo de la nueva filosofía práctica que, en lugar de centrarse en tratar de entender “cómo somos” los seres humanos, se preocupa por tratar de entender “cómo es que hacemos lo que hacemos”… ¡a fin de mejorarlo!
Bien dicen los que saben que mejor que tener buenas respuestas es hacer buenas preguntas, y este cambio de perspectiva permitió dilucidar lo que antecede a la acción humana, en cualquier circunstancia, con la enorme ventaja de que, conocido el mecanismo, podemos intervenir de manera consciente para lograr ejercer acciones efectivas, en lugar de aceptar que simplemente las cosas nos pasen (a veces culpando a los demás) y tengamos que depender de la buena o mala suerte.
Pues desde esta perspectiva, lo que antecede a la acción, cualquiera que esta sea, es la emoción, aunque parezca extraño, debido a que como dice Humberto Maturana, un distinguido biólogo chileno estudioso del comportamiento humano, “no vemos el entrelazamiento cotidiano entre razón y emoción que constituye nuestro vivir humano, y no nos damos cuenta de que todo sistema racional tiene un fundamento emocional”. En efecto, sostiene, “las emociones son disposiciones corporales que determinan o especifican dominios de acciones”, lo cual significa que lo que hacemos en nuestra vida diaria, depende de la emoción que nos embargue en cada momento. Y eso es así porque las emociones son respuestas biológicas a los estímulos que recibimos, que se expresan en el cuerpo y lo impulsan a la acción, siendo éstas condicionantes de nuestros comportamientos…¡aunque no nos demos cuenta!
Por cierto, si esto fuera sólo así, sería grave, porque entonces estaríamos todo el tiempo a merced de nuestras emociones, que simplemente nos vienen, sin posibilidad de intervenir en ellas. Afortunadamente la emoción, según esta mirada, no nos vendría caprichosamente y al azar, sino que a su vez sería una consecuencia de cómo interpretamos lo que estamos viendo, oyendo o experimentando en relación a nuestro entorno (o aún en nuestra interioridad), desde los esquemas mentales que conforman nuestro conocimiento, que es desde donde re-conocemos lo que ocurre. Y esto sí que es interesante, porque si bien estamos limitados por nuestra visión del mundo, nada impide que la podamos reformular cuando las acciones que ejercemos no nos dan los resultados que esperamos, generándonos una sensación de insatisfacción.
Simple, aunque no fácil, para lograr a cambio acciones efectivas bastaría entonces con  revisar nuestras creencias arraigadas por el uso y la costumbre, preguntándonos por la validez que ellas tienen en el presente, a partir de los supuestos que en el pasado las generaron. Y si han dejado de ser funcionales, podemos cambiarlas por otras mejores, habida cuenta de que el conocimiento no es el resultado de la “verdad revelada”, sino una construcción humana provisoria, susceptible de ser modificada.
¿No está Usted conforme con los resultados que está logrando con su accionar en determinado terreno? Deténgase un minuto y, antes que nada, tome conciencia de la emoción que promueve su accionar. Una vez esclarecido sobre el punto, pregúntese qué interpretaciones de la situación le han disparado la emoción que lo embarga. Definido eso, pregúntese ahora desde donde está mirando los hechos y cuáles son las creencias que le generan esas interpretaciones. Aclarado esto, pregúntese de donde le vienen y si son válidas frente a la situación ante la cual se halla o si son resabios de un pasado distinto y concédase la libertad de cambiarlas, si se dio cuenta de que en realidad hoy puede pensar diferente. Y verá que aún sin quererlo, se verá impulsado a un nuevo ciclo, donde la nueva interpretación disparará en automático una nueva emoción y desde allí, se abrirá en forma casi milagrosa un nuevo espacio para la acción que hasta ahí no estaba disponible.
Como dijo Nietzsche, quien tiene un “qué” encontrará siempre un cómo”… ¡y este es el camino que recorre el Coach para facilitar la búsqueda!

Clara Braghiroli

Coach profesional
Buenos Aires – Argentina